Siempre me ha costado mucho leer libros, de hecho lo que me cuesta es terminar un libro, he empezado varios, pero, debo reconocer, que libros terminados, y sobre todo, comprendidos en su totalidad, son bastante pocos.
De las lecturas clásicas para el aprendizaje, las que más me cuestan son las que tienen que ver con historia, llámese historia del Paraguay, historia del siglo XX, del periodismo Paraguayo, o lo que fuese.
Para una lectora perezosa como yo, lo mejor que puede existir es un programa educativo como el del periodista Manuel Cuenca, este es algo así como un rescate cultural, y una forma alternativa de aprendizaje para la gente que no puede, o no tiene la voluntad suficiente para leer.
Cuando llegan las 20:30hs de cada sábado, desde hace varios años, me siento frente a la tele y Mani Cuenca se encarga de mostrarme con imágenes, y testimonios de los propios personajes de la historia (los que aún viven, o los descendientes) todo aquello que a mí me da pereza leer, y la ventaja de mirar “La revista de la semana” es que aprender es mucho más entretenido que leerlo en los libros.
Un día cualquiera, un diario muy popular del país, publicaba que el nuevo director periodístico del SNT Cerro Corá, el argentino Jorge Pizarro, había dado instrucciones claras de que se “evitasen al máximo posible las notas periodísticas en guaraní”. Si bien esta publicación no estaba aun plenamente comprobada, causó un inusitado revuelo en los medios de comunicación y en la sociedad y fue el detonante que desencadenó una serie de acciones de censura y reacciones diversas, unas, completamente estúpidas, otras, razonablemente reivindicadoras.
La historia seguiría con la descabezada opinión de la locutora con aspiraciones periodísticas, Carmiña Masi, quien aplaudió las acciones de canal 9, pues consideró que censurando el guaraní “se combate la ignorancia y todo lo malo en Paraguay”.
La gota que colmó el vaso fue, el levantamiento de “La revista de la semana” un programa donde Manuel Cuenca rescata elementos importantes de la cultura paraguaya y contribuye a mantener la memoria histórica, y por supuesto, este levantamiento está evidentemente relacionado con la prohibición del idioma guaraní, por parte de un turista argentino, que recién está tramitando sus documentos, pero, ocupa la dirección periodística del canal 9.
La reportera Daniela Candia ya había sido despedida hace un tiempo por ejercer acciones sindicales, los periodistas del 9 temen hablar, pero, la verdad está ahí, oculta entre los decires y las versiones de uno u otro bando, de quienes defienden intereses de determinado sector, sin embargo, la versión oficial del Foro de periodistas paraguayos es que, efectivamente, hay censura en el SNT.
El caso de Manuel Cuenca no es aislado, es solo un eslabón de la larga cadena de antecedentes de represión que se vienen dando desde hace algún tiempo en este medio, periodistas paraguayos enviados al frezeer, como el caso de Andrés Caballero, el despido injustificado de la colega Daniela Candia, pese a tener inmovilidad sindical, cambios bruscos de periodistas especializados, como Silvio Cuevas, y, por último, la censura al único programa del SNT que rescata la identidad cultural del país son algunas de las evidencias de que estamos en retroceso hacia aquella época en que sólo podíamos decir lo que estaba bien para el “Excelentísimo señor presidente”, nos están metiendo el dedo en aquella vieja llaga que no nos permitía escarbar entre las hojarascas y encontrar los hechos, estamos recayendo en la infección de no poder expresarnos libremente en nuestro propio país.
Lo peor del caso es que esta represión es generada por un Directivo extranjero con evidentes actitudes xenofóbicas.
Pero como no hay mal que por bien no venga, algo positivo surgió de esta serie de hechos represivos, me refiero al despertar cultural que se generó en nuestro pueblo. Repentinamente, cuando creíamos que ya no nos importaban este tipo de cosas, los compatriotas sacaron las uñas para defender nuestra identidad cultural por distintos medios de comunicación.
Todavía hay memoria histórica, aún amamos nuestra cultura y estamos dispuestos a luchar si alguien quiere atentar contra ella, demostramos que el patriotismo sigue vigente, y si este suceso era necesario para que el país salte a defender la cultura histórica y la libertad de expresión, pues, Aguante el intento de censura de Jorge Pizarro!!!
viernes, 29 de abril de 2011
Santiago Leguizamón - Lo positivo de su partida
-Mamá, el periodismo es mi vida, y si me dan un trabajo como periodista, me iría a donde me pidiesen - recuerdo que le dije a mi madre una tarde, mientras lavaba la ropa. - Seguro que si te dicen que te vayas al Amambay vas a ser capaz de irte nomas también, para que te maten como a Santiago - su respuesta había sido un tanto agresiva para mí.
En ese entonces yo tenía 11 años y la pálida idea que tenía de Santiago era que fue un periodista combativo y que los mafiosos lo habían matado por decir la verdad, un año antes de que yo naciera.
Era todo lo que sabía.
Ni los detalles, ni el contexto de la situación, nada más, sólo años más tarde llegaría a comprender mejor, cuanto significó para el periodismo paraguayo la pérdida de este Héroe del jornalismo, y la cantidad de sentimientos encontrados que invadirían al gremio y también al pueblo año tras año, pidiendo una justicia que hasta el momento, no llega.
Mamá no podía entender lo que yo sentía por el periodismo, ella solo pensaba en el peligro, y veía al periodismo como una profesión, por mi parte yo hoy lo siento, como una forma de vida.
Recuerdo que en una ocasión también me dijo: - Yo te permití estudiar periodismo sólo para que informes a la gente, no para que hables de más y te metas en problemas.
A partir del momento en que conocí la historia de Santiago, tuve un motivo más para desobedecer a mi madre, y me aferré, quizá caprichosamente al periodismo, y no lo tomé como una simple carrera, empecé a vivirlo…
Es muy extraño lo que siento por Santiago, como una nostalgia de otro tiempo, no lo conocí pero siento que lo quiero, como si hubiera compartido tiempo con él.
Hubiera dado lo que sea por conocerlo, le decía a un amigo en la noche 26 de abril pasado, pero, pensándolo mejor, todos lo conocimos.
Su partida contribuyó a unir a los periodistas en una sola lucha, demostrar que no acallarán nuestras voces, perseverar contra la censura.
Pasamos de un periodismo duro y esquemático, a un periodismo libre, que no se deja amedrentar, y esto lo logramos motivados por la gran lección que él nos dio.
Hemos dejado atrás ese periodismo que solo respondía al poder, y permanecía inalcanzable a las inquietudes de las masas. Aquel periodismo que se le olvidaba de que el compromiso es con la ciudadanía, y que debemos ser canales entre esta y el poder.
Es cierto, hoy en día existen muchos desmanes en el periodismo, gente que piensa en hacerse rica o famosa por este medio (a la cual recomendamos que se dediquen a otra cosa, pues pierden su tiempo) gente que lo utiliza como un comercio, etc. No obstante, vale destacar lo positivo, creer que ahora más que nunca, estamos unidos entre nosotros y cerca de los compatriotas.
Nadie quiso que Santiago muriera, y podemos pensar en miles de opciones que hubieran salvado su vida: ¿Por qué no vino a Asunción? ¿Por qué no salió del país hasta que pasen las tormentas? ¿Porque no se cuidó más?. Quizá su asesinato se pudo evitar, quizá no, hoy lo importante para todos es saber que él decidió enfrentar las amenazas de la mafia y ofrendó su vida a la verdad para que hoy nosotros tengamos un motivo más para seguir la lucha que él inició.
En ese entonces yo tenía 11 años y la pálida idea que tenía de Santiago era que fue un periodista combativo y que los mafiosos lo habían matado por decir la verdad, un año antes de que yo naciera.
Era todo lo que sabía.
Ni los detalles, ni el contexto de la situación, nada más, sólo años más tarde llegaría a comprender mejor, cuanto significó para el periodismo paraguayo la pérdida de este Héroe del jornalismo, y la cantidad de sentimientos encontrados que invadirían al gremio y también al pueblo año tras año, pidiendo una justicia que hasta el momento, no llega.
Mamá no podía entender lo que yo sentía por el periodismo, ella solo pensaba en el peligro, y veía al periodismo como una profesión, por mi parte yo hoy lo siento, como una forma de vida.
Recuerdo que en una ocasión también me dijo: - Yo te permití estudiar periodismo sólo para que informes a la gente, no para que hables de más y te metas en problemas.
A partir del momento en que conocí la historia de Santiago, tuve un motivo más para desobedecer a mi madre, y me aferré, quizá caprichosamente al periodismo, y no lo tomé como una simple carrera, empecé a vivirlo…
Es muy extraño lo que siento por Santiago, como una nostalgia de otro tiempo, no lo conocí pero siento que lo quiero, como si hubiera compartido tiempo con él.
Hubiera dado lo que sea por conocerlo, le decía a un amigo en la noche 26 de abril pasado, pero, pensándolo mejor, todos lo conocimos.
Su partida contribuyó a unir a los periodistas en una sola lucha, demostrar que no acallarán nuestras voces, perseverar contra la censura.
Pasamos de un periodismo duro y esquemático, a un periodismo libre, que no se deja amedrentar, y esto lo logramos motivados por la gran lección que él nos dio.
Hemos dejado atrás ese periodismo que solo respondía al poder, y permanecía inalcanzable a las inquietudes de las masas. Aquel periodismo que se le olvidaba de que el compromiso es con la ciudadanía, y que debemos ser canales entre esta y el poder.
Es cierto, hoy en día existen muchos desmanes en el periodismo, gente que piensa en hacerse rica o famosa por este medio (a la cual recomendamos que se dediquen a otra cosa, pues pierden su tiempo) gente que lo utiliza como un comercio, etc. No obstante, vale destacar lo positivo, creer que ahora más que nunca, estamos unidos entre nosotros y cerca de los compatriotas.
Nadie quiso que Santiago muriera, y podemos pensar en miles de opciones que hubieran salvado su vida: ¿Por qué no vino a Asunción? ¿Por qué no salió del país hasta que pasen las tormentas? ¿Porque no se cuidó más?. Quizá su asesinato se pudo evitar, quizá no, hoy lo importante para todos es saber que él decidió enfrentar las amenazas de la mafia y ofrendó su vida a la verdad para que hoy nosotros tengamos un motivo más para seguir la lucha que él inició.
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