-Mamá, el periodismo es mi vida, y si me dan un trabajo como periodista, me iría a donde me pidiesen - recuerdo que le dije a mi madre una tarde, mientras lavaba la ropa. - Seguro que si te dicen que te vayas al Amambay vas a ser capaz de irte nomas también, para que te maten como a Santiago - su respuesta había sido un tanto agresiva para mí.
En ese entonces yo tenía 11 años y la pálida idea que tenía de Santiago era que fue un periodista combativo y que los mafiosos lo habían matado por decir la verdad, un año antes de que yo naciera.
Era todo lo que sabía.
Ni los detalles, ni el contexto de la situación, nada más, sólo años más tarde llegaría a comprender mejor, cuanto significó para el periodismo paraguayo la pérdida de este Héroe del jornalismo, y la cantidad de sentimientos encontrados que invadirían al gremio y también al pueblo año tras año, pidiendo una justicia que hasta el momento, no llega.
Mamá no podía entender lo que yo sentía por el periodismo, ella solo pensaba en el peligro, y veía al periodismo como una profesión, por mi parte yo hoy lo siento, como una forma de vida.
Recuerdo que en una ocasión también me dijo: - Yo te permití estudiar periodismo sólo para que informes a la gente, no para que hables de más y te metas en problemas.
A partir del momento en que conocí la historia de Santiago, tuve un motivo más para desobedecer a mi madre, y me aferré, quizá caprichosamente al periodismo, y no lo tomé como una simple carrera, empecé a vivirlo…
Es muy extraño lo que siento por Santiago, como una nostalgia de otro tiempo, no lo conocí pero siento que lo quiero, como si hubiera compartido tiempo con él.
Hubiera dado lo que sea por conocerlo, le decía a un amigo en la noche 26 de abril pasado, pero, pensándolo mejor, todos lo conocimos.
Su partida contribuyó a unir a los periodistas en una sola lucha, demostrar que no acallarán nuestras voces, perseverar contra la censura.
Pasamos de un periodismo duro y esquemático, a un periodismo libre, que no se deja amedrentar, y esto lo logramos motivados por la gran lección que él nos dio.
Hemos dejado atrás ese periodismo que solo respondía al poder, y permanecía inalcanzable a las inquietudes de las masas. Aquel periodismo que se le olvidaba de que el compromiso es con la ciudadanía, y que debemos ser canales entre esta y el poder.
Es cierto, hoy en día existen muchos desmanes en el periodismo, gente que piensa en hacerse rica o famosa por este medio (a la cual recomendamos que se dediquen a otra cosa, pues pierden su tiempo) gente que lo utiliza como un comercio, etc. No obstante, vale destacar lo positivo, creer que ahora más que nunca, estamos unidos entre nosotros y cerca de los compatriotas.
Nadie quiso que Santiago muriera, y podemos pensar en miles de opciones que hubieran salvado su vida: ¿Por qué no vino a Asunción? ¿Por qué no salió del país hasta que pasen las tormentas? ¿Porque no se cuidó más?. Quizá su asesinato se pudo evitar, quizá no, hoy lo importante para todos es saber que él decidió enfrentar las amenazas de la mafia y ofrendó su vida a la verdad para que hoy nosotros tengamos un motivo más para seguir la lucha que él inició.


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